[2009-2011] Gestión del riesgo ambiental para la prevención de catástrofes en ámbitos urbanos. El caso de las inundaciones en la ciudad de Santa Fe

Beca interna de posgrado tipo I CONICET (2009-2011).

Becaria: Lic. Jesica M. Viand
Contacto: jesicaviand@yahoo.com.ar

El tema de esta investigación se encuentra contemplado en las áreas: “Conocimiento y Uso Sustentable de los Recursos Naturales y Protección del Medio Ambiente” y “Hábitat, vivienda y asentamientos humanos”, dentro de las Vacancias Temáticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. Los resultados formarán parte del proyecto UBACYT F108 (2008-2010).

Objetivo general

Esta investigación se propone identificar, analizar y evaluar posibilidades y obstáculos en la aplicación de propuestas de gestión integral de riesgos en el ámbito local de la ciudad de Santa Fe, tal como lo promueven los organismos internacionales.

Estado de la cuestión

El tema se aborda desde la perspectiva social de los desastres. A fines de la década del ´70, surgen los primeros trabajos académicos que tratan la problemática de los desastres y su gestión desde los procesos sociales, políticos y económicos que los generan, diferenciándose así de los enfoques tradicionales centrados en los eventos de la naturaleza como únicas causas (Davis, 1978; Cuny, 1983 y Hewitt, 1984 son los trabajos pioneros en la temática según mencionan Blaikie et al. 1996 y Lavell, 1998). En dicho enfoque, a modo de síntesis, las catástrofes se conceptualizan como consecuencias de riesgos no manejados (Wilches Chaux, 1996; Lavell, 2002). El riesgo de desastre se define como la probabilidad de daño entre una amenaza o peligro natural (inundación, terremoto, etc.) y el número de personas caracterizadas por sus diferentes grados de vulnerabilidad que ocupan el tiempo y el espacio de exposición a eventos extremos (Blaikie et al, 1996). La catástrofe es entonces la manifestación del riesgo en el territorio; allí se hace visible y se reconoce socialmente (Mansilla, 2000).
Desde la década del `90, los organismos internacionales como la OEA , el BID , el BM y especialmente la “Estrategia Internacional de Reducción de Desastres” (EIRD) de la ONU , comienzan a hablar de la gestión integral de riesgos (GIR) en lugar de hablar de la gestión de desastres que es cuando el evento ya se produjo y solo resta aplicar acciones de reparación. La GIR puede definirse como sigue:

“Conjunto de decisiones administrativas, de organización y conocimientos operacionales desarrollados por sociedades para implementar políticas, estrategias y fortalecer sus capacidades a fin de reducir el impacto de amenazas naturales y tecnológicas. Esto involucra todo tipo de actividades, incluyendo medidas estructurales y no-estructurales para evitar (prevención) o limitar (mitigación y preparación) los efectos adversos de los desastres” (EIRD, 2004).

De esta manera, se ha delimitado un saber experto con propuestas que son utilizadas para asesorar a gobiernos de países en vías de desarrollo. En esta GIR se contemplan tres fases interrelacionadas en un ciclo continuo: mitigación (antes del desastre), emergencia (durante) y reconstrucción (después). En todos los momentos se deben realizar actividades que tiendan a reducir o evitar los daños, es decir hacia la prevención de desastres. Dicha gestión no involucra solo al sector gubernamental en la toma de decisiones, sino también a la sociedad civil (Herzer, et al., 2002).
En la bibliografía académica y en informes de organismos internacionales, se destacan los ámbitos urbanos como los escenarios donde el riesgo adquiere mayor complejidad. Esto se debe a la propia dinámica urbana, con sus altos niveles de concentración de infraestructura y población (Ibidem, 2000; Lavell, 2002). Un ejemplo de ello es el caso de la ciudad de Santa Fe.
A lo largo de la historia, la principal amenaza de origen natural en la ciudad de Santa Fe, han sido las inundaciones y los anegamientos. Éstas se deben tanto a crecidas de los ríos que la rodean -Salado y Paraná- como a precipitaciones extremas que provocan el anegamiento de las áreas más bajas localizadas al oeste y sur del municipio. La compleja dinámica del ambiente la coloca como una de las ciudades de mayor criticidad hídrica del mundo (INA, 2003; Bronstein, et al, 2004; ProCIFE, 2005).
En abril del 2003, ocurrió una catástrofe detonada por la inundación del río Salado al ingresar a la ciudad a través de una defensa incompleta (DPHO, 2003). Con un tercio del sector oeste bajo el agua, los daños –muertes, pérdidas económicas y secuelas psicológicas irreparables- evidenciaron las condiciones de alta vulnerabilidad social y la falta de preparación institucional para el manejo de desastres. (Véase CEPAL, 2003; Natenzon, 2004; ProCIFE, 2005; Lara, 2005). Las repercusiones trajeron cambios a nivel institucional municipal que indicaban nuevas pautas a seguir, como la creación de una “Subsecretaria de Gestión del Riesgo” que aplicaría un plan de contingencias ante inundaciones. Sin embargo, el oeste santafesino quedó bajo el agua nuevamente en marzo del 2007, esta vez por precipitaciones extraordinarias.
Frente a esta realidad, surge la pregunta: ¿Cuales son los obstáculos que impiden la concreción de medidas que lleven a la mitigación y prevención de desastres en Santa Fe? El desafío de esta investigación es encontrar lineamientos para posibles soluciones vinculando lo propuesto para la prevención de desastres por el saber experto (“el debe ser”) y lo que una sociedad local puede hacer para evitar o disminuir los daños que un peligro de origen natural pueda producir.